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miércoles, 2 de julio de 2008

REDISTRIBUIR LA RIQUEZA - EDITORIAL PATRIA GRANDE Nº 25

Como hemos dicho en el transcurso del conflicto agrario, las retenciones móviles a la soja instrumentadas por el gobierno son una medida altamente progresista. En primer lugar porque intentan ponerle un techo a los precios de los alimentos de primera necesidad, de manera tal que sean accesibles a los ciudadanos de menores ingresos, desvinculándolos de los internacionales en franco ascenso. En segundo lugar para buscar contener la sojización de nuestro campo, en defensa de los suelos y la diversidad productiva allí. Tienen además estas retenciones, una tercera virtud: abrir las puertas a una más justa redistribución de la riqueza en nuestro país. No alcanzan por sí solas, pero son requisito necesario e imprescindible para ello; ya que allí, en la renta agraria extraordinaria, tenemos una de las principales fuentes de recursos que pueden hacer posible la construcción de otra Argentina, industrializada, integrada, más desarrollada y justa. La reciente decisión de la Presidenta de que lo recaudado por las retenciones móviles sea destinado a la construcción de hospitales, viviendas populares y caminos rurales, no solo es algo difícilmente cuestionable (hasta los dirigentes ruralistas tuvieron que reconocer su justicia, y apenas protestaron por, supuestamente, aportar sólo ellos) sino que, además, tiene la enorme importancia de poner negro sobre blanco que, para hacer un país equitativo, los que más ganan tiene que aportar más. Este principio, que bien pensado es mas o menos elemental y que rige a grandes rasgos en los siempre mentados -por la “gente bien” y sus comunicadores- países desarrollados, ha sido en todo tiempo y lugar duramente resistido por los ricos y las grandes empresas -nacionales y extranjeras- de nuestro país. El actual conflicto con el autodenominado “campo” no es más que el último de una larguísima lista que ha recorrido sistemáticamente nuestra historia. Entre ellos el que motivó aquel Grito de Alcorta de 1912, donde los pequeños y medianos productores agrarios se rebelaron contra los terratenientes que los oprimían con arriendos expoliadores. Sentido de esa epopeya hoy notablemente reinterpretado por la dirigencia de la Federación Agraria, entidad surgida de aquellas jornadas. A sabiendas de esta conducta de los que más tienen, es fundamental que el conjunto de los sectores del campo popular tomemos bien fuerte en nuestras manos la bandera de la redistribución de la riqueza; que señalemos con todas las letras que construir un país en serio pasa esencialmente por terminar con la pobreza; que nos organicemos mejor para ello, salgamos a movilizarnos, a debatir y a esclarecer a la mayoría de la sociedad con propuestas concretas al respecto. Porque cierto es que aun hoy, a cinco años de gobierno kirchnerista y reconociendo los grandes avances que hemos logrado en esta batalla, todavía hay millones de compatriotas por debajo de la línea de pobreza; muchos de ellos, peor aún, en situación de indigencia. Estado de cosas que incluso, en lugar de seguir mejorando, puede llegar a empeorar si no se contiene mejor el aumento de los precios. Esta batalla contra la pobreza tiene un momento muy álgido en el conflicto agropecuario. Mas allá de críticas que puedan hacérsele al gobierno nacional -en particular en cómo se ha movido, en un comienzo, respecto de los pequeños y medianos productores- lo cierto es que la pelea ha sido y sigue siendo respecto de quién se apropia de una parte de la renta agraria extraordinaria: si los grandes terratenientes y los pools de siembra, o el Estado nacional. Entonces, hay que sostener con firmeza esta lucha; hay que ganarla; está mucho en juego en ella, casi diríamos que el futuro de nuestra Argentina. Pero nada debe terminar allí, luego tenemos que ir por más: se debe afectar de una vez por todas a la renta financiera, como así también la que generan el petróleo, el gas y la gran minería. Todas ellas, por ahora, van a parar en un grado significativo a los bolsillos de los grandes bancos y empresas. No se trata de que estos sectores económicos no ganen adecuadamente, siempre y cuando luego reinviertan como es debido. Pero sí que no se apropien para ellos de la casi totalidad de lo que reportan esos negocios (menos aún de los recursos naturales estratégicos no renovables, que directamente no debieran estar en sus manos). Así no saldremos nunca del subdesarrollo, ni de las impúdicas diferencias actuales entre los de arriba y los de abajo. Una parte de esas rentas enormes debe ir al Estado, buscando los mejores instrumentos para ello; para ser desde allí correctamente redistribuida. Igualito a lo que hacen en los países del primer mundo. Luego, con esos recursos se debe subsidiar a la industria que da empleo, invertir en investigación científica, otorgar créditos blandos y a largo plazo para las pequeñas y medianas empresas, también darles precios sostén a los pequeños y medianos productores rurales, y sobre todo atacar el núcleo duro de la pobreza. Ese donde, particularmente en los jóvenes y niños, el denominador común es la marginalidad, el desempleo, el desamparo sanitario y educativo, y hasta el hambre. Hay medidas concretas para poder dar vuelta en unos años este estado de cosas que nos estruja el corazón; y que, peor aun, mantiene a la sociedad donde vivimos en algo bastante parecido a una selva. Se puede tomar la propuesta de larga data de la CTA de un subsidio universal por hijo, también duplicar el monto de los distintos planes otorgados por desempleo mientras éste subsista en los niveles actuales, además dar becas a alumnos secundarios y universitarios de escasos recursos para que puedan estudiar en serio, como así también aumentar sustancialmente la construcción de viviendas populares y la urbanización de villas y asentamientos. En fin, si hay recursos, se pueden hacer muchas cosas para ir conquistando cada día mas una Argentina donde valga la pena vivir y soñar. Esos recursos hay que buscarlos, inexorablemente, en los que ganan fortunas y redistribuirlos. En primer lugar en la oligarquía terrateniente, y ahí estamos en plena batalla. Pero luego en los demás.

Humberto Tumini
Movimiento Libres del Sur

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