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lunes, 10 de diciembre de 2012

Editorial: mentiras y verdades de la economía en los tiempos K

MENTIRAS Y VERDADES DE LA ECONOMÍA EN LOS TIEMPOS K


Por Humberto Tumini

 

La inflación ronda el 25%. El déficit fiscal excederá los 50.000 millones de pesos. Problemas con el tipo de cambio, exportaciones e importaciones y la balanza externa. La deuda externa, de 10 mil millones de dólares, hizo que se recurra a un complejo control del cepo cambiario, y se agravó ahora el escenario con el fallo del juez Griesa. Se enfrió la economía y se restringieron los recursos a las provincias. La pobreza real no baja del 25%. ¿Mejorará? 


La economía hoy

 

Si uno mira los fríos números de la economía del país en estos momentos, solo se puede concluir que está mal. La actividad productiva se ha frenado significativamente al igual que la inversión. La inflación anual ronda el 25 por ciento y es varios puntos más alta en los productos de la canasta básica alimentaria. No sólo no se crean nuevos empleos, sino que lentamente se han comenzado a perder los que había. El déficit fiscal, aun cuando intentan disimularlo, es muy elevado y probablemente exceda en el 2012 los 50.000 millones de pesos. El tipo de cambio, atrasado claramente -como advierten hasta los economistas K serios- luego de cinco años con aumento de los precios por encima de la tasa de devaluación, ha generado ya problemas importantes para exportar bienes industriales y productos de las economías regionales como, así también, abaratamiento de las importaciones y déficit en la balanza externa del turismo, entre otros inconvenientes. Para poder obtener los dólares necesarios para pagar la deuda externa -que este año es elevada, 10.000 millones de dólares- y los servicios de distinto tipo, se ha recurrido a un complejo control de las importaciones y al cepo cambiario, que han contribuido, en definitiva, a enfriar más la economía. Se les restringe recursos a las provincias, que frenan, por tanto, la obra pública y aumentan los impuestos en el más ortodoxo ajuste. La pobreza real no baja del 25 por ciento de las familias argentinas.

O sea mal: nada queda de los superávit gemelos (fiscal y externo) y del tipo de cambio competitivo que supieron ser el signo distintivo del modelo económico K, ni del crecimiento a tasas chinas.

Desde el gobierno dicen que es producto de que la crisis mundial se nos cayó encima. En parte es cierto, obviamente. ¿Pero, cómo prepararon la economía nacional para una situación que se sabía llegaría en el 2012? Horrible, gastaron lo que no tenían el año pasado para ganar las elecciones y ahora pagamos todos las consecuencias; entre otras cosas, porque las famosas políticas anticíclicas recomendadas para estos contextos brillan por su ausencia por la falta de recursos. Salvo en el relato oficialista, claro está.

 

El arrastre del conflicto 

 

Pero los problemas vienen de más atrás. Desde hace ya varios años disminuyen las inversiones productivas, porque los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros prefirieron, ante la mayor demanda, aumentar los precios con clara inacción gubernamental al respecto. La inflación generada por esta conducta impacta, quiérase o no, sobre los ingresos de los trabajadores y los sectores más humildes. Incluso, con aumento de salarios. Para contrarrestarlo, el gobierno aumentó exponencialmente los subsidios estatales y prácticamente congelaron las tarifas de los servicios públicos, lo que terminó por comer el superávit fiscal, aun usando los recursos del ANSES y del Banco Central para gastos corrientes y las reservas para pagar deuda. 

Llegada entonces la hora de poner recursos para evitar la recesión, éstos ya no existían. A punto tal que no pueden siquiera subir tope de los salarios para el impuesto a la cuarta categoría de ganancias, para no resignar lo que con él recaudan. Esto sucede, además, porque no están dispuestos a buscar esos recursos en las ganancias de los sectores concentrados.

Como decimos arriba, también usaron de ancla anti-inflacionaria el tipo de cambio, al que dejaron atrasar año tras año, permitiendo así que regresara el fantasma de la crisis del sector externo que, teóricamente, se había alejado casi para siempre con los precios internacionales de la soja y demás productos agropecuarios. Agravado todo por la tremenda irresponsabilidad de darle continuidad a la política petrolera de Menem, que terminó no sólo bajando el nivel de reservas de petróleo y gas casi a la mitad de lo que teníamos a mediados de los noventa, sino que paralelamente nos llevó a un creciente déficit en la balanza energética. Ya lo explicó el vice ministro Kicillof: los dólares del cepo son para comprar petróleo o nos alumbraremos con velas.

 

 

¿Mejoraremos? 

 

Por lo pronto, desde hace varios meses a la fecha, dijeron desde el gobierno kirchnerista que para el segundo semestre la economía se recuperaría. Entre otras razones por el altísimo precio de la soja (de cuya última cosecha quedaban por vender el 25% aproximadamente), y porque las medidas de Dilma Rousseff en Brasil para aumentar el consumo mejorarían la venta de autos argentinos a dicho país. El pronóstico no parece haber sido demasiado acertado: la soja bajó su precio en más de 100 dólares por las lluvias en los EE.UU (de 650 a 530 dólares), los chacareros que la tienen guardada no vendieron demasiado, y los subsidios gubernamentales no parecen haber recuperado demasiado la economía del vecino país, que parece que este año crecerá, finalmente, sólo el 1,7 por ciento.

En realidad, si el PBI ha dejado de caer por estas tierras en el último mes, parece más bien producto de que con el cepo cambiario a full y con tasas para los depósitos en pesos que son la mitad de la inflación, los que disponen de ahorros andan viendo en qué gastarlos para no perderlos. No parece que eso vaya a empujar la economía demasiado hasta fin del 2012, apenas alcanza para que no siga cayendo.

¿Qué puede suceder el año próximo? Por lo pronto hay que incorporar a las perspectivas lo que finalmente suceda con el fallo del juez norteamericano respecto de la deuda con los fondos buitres. Griesa, en una decisión notablemente agresiva, acaba de resolver que antes del 15 de diciembre la Argentina debe depositar 1.300 millones de dólares para abonarle la deuda al litigante fondo Elliot. Es decir el 100 % de lo que se le debe, sin quita alguna; lo que generaría -de cumplirse- un gravísimo problema con el resto de los acreedores que entraron al canje con quita en el 2005 y 2010. Al mismo tiempo, si no se hiciera lugar a la apelación del gobierno argentino y la cámara le diera la razón al juez, estaríamos imposibilitados de pagar en los EEUU a los bonistas del canje, porque ese dinero será intervenido seguramente por la justicia de aquel país para que se pague también a los buitres. Por otro lado abonarles a los bonistas en nuestro país tiene infinidad de complicaciones, con lo que podríamos entrar nuevamente en default; un problema de magnitud por cierto, de impacto sobre la economía doméstica. Veremos como sigue esta historia.

Supongamos que tiene final feliz -transitorio- porque se hace lugar a la apelación y se patea la cosa para adelante. Entonces una vez más vuelven las voces optimistas del gobierno. Apuestan a la soja, que mantendría su precio aceptablemente en el orden internacional y aumentaría aquí el volumen producido gracias a mayores precipitaciones; también a la recuperación brasileña. Esas serían las claves de un nuevo crecimiento. Luego argumentan que hay menos deuda que pagar, habida cuenta que la pobre performance del 2012 nos evita abonar los cupones atados al PBI. Eso significaría, supuestamente, que se podrían aflojar el cepo y los controles sobre las importaciones liberando cierta capacidad productiva.

¿Es cierto todo ello? En parte, sólo en parte. Más bien a dicho optimismo cabe contraponerle algunas cuestiones que llamarían a ser un tanto prudentes. En primer lugar la economía mundial. Todos los pronósticos para Europa son de raquítico crecimiento, en el mejor de los casos y hay que ver si en los Estados Unidos logran mantener siquiera la pobre performance del 2012. Lo más probable es que vayan a cierto ajuste, luego de la activa intervención de la Reserva Federal poniendo mucha plata para que Obama lograra su reelección. Si Europa y Norteamérica crecen poco y nada, el impacto sobre el resto de los países -incluyendo China y Brasil- es inevitable, habida cuenta de que aquellos, juntos, representan casi la mitad de la economía mundial. Eso va a impactar sobre nosotros también, qué duda cabe, como ha sucedido este año.

A eso hay que agregarle que si crecemos aunque sea un poco más que en el 2012,  significará más importaciones; particularmente de productos energéticos -petróleo, gas, naftas- de los que ya no nos autoabastecemos. Por lo que se achica el superávit comercial. Difícilmente entonces puedan aflojar demasiado los controles que hoy aplican sobre el dólar y lo que compramos en el exterior. A eso se le debe sumar que la inflación -todo indica- seguirá igual de alta, o más, impactando sobre los ingresos populares; lo que impide no sólo devaluar más rápidamente para beneficiar el sector externo, sino disminuir ciertos gastos corrientes del Estado y aumentar -por ejemplo- fuerte la obra pública para generar mayor empleo. Dudoso futuro por tanto el de las viviendas del PROCREAR.

Sí pueden por cierto seguir recurriendo, frente a todas esas limitaciones, al financiamiento del Banco Central, del Nación y de la  ANSES. Más todavía urgidos por un año electoral donde se juegan por sobre todo la reelección de la Presidenta. Esos son recursos importantes, que han venido acolchonando la crisis, pero que difícil alcancen para mucho más que eso.

En síntesis, entre aquello que analizamos más arriba y esto último referido a de dónde van a buscar los recursos que les faltan, podemos concluir en que es probable que puedan mejorar en parte el muy bajo nivel productivo de este año, pero que es imposible que recuperen el crecimiento a "tasas chinas" como lograron en el 2010 y 2011. Ese escenario no será el del 2013.

Por tanto no veremos crear empleo seriamente, ni disminuir la pobreza de los niveles actuales, ni aumentar demasiado la inversión productiva, ni la pública ni la privada; tampoco encontrar desahogo aceptable a la mayoría de las finanzas provinciales. Se avizora un año probablemente mejor que el actual, pero a distancia de los que supimos tener en la mayoría de los años de gobierno K. Un año sin soluciones a los principales problemas que afectan a la mayoría de los argentinos y argentinas. Ni que hablar si se complica la cuestión de la deuda externa, Griesa y fondos buitres mediante.  

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