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¿Es decir que estaba dentro de sus expectativas este segundo lugar?
¿Tendrá continuidad el Frente Amplio Progresista?
-Siendo así, ¿cuáles son las iniciativas que piensan seguir?
¿Ya han pensando en ampliar el Frente?
Se abre una nueva etapa política. ¿Cuáles son las principales responsabilidades del Movimiento Libres del Sur en esta nueva etapa?
Revista Patria Grande, del Movimiento Libres del Sur
ENTREVISTAMOS A HUMBERTO TUMINI
Nuestro Secretario General explica porqué el Frente Amplio Progresista acaba de consolidarse como segunda fuerza política en el país; y también las razones por las que, a pesar de los recientes resultados favorables al kirchnerismo, este no es un gobierno progresista. Nos dice que el FAP no fue un mero acuerdo electoral de coyuntura, sino que se propone ser gobierno en 2015; como así también que Libres del Sur tiene la responsabilidad de fortalecer su construcción y presencia política nacional, para contribuir a que esta alianza pueda cumplir sus objetivos. Además, explica los vaivenes de la crisis económica y las medidas tomadas por Cristina Kirchner.
¿Qué opinión te merece, Humberto, el triunfo tan contundente de Cristina Fernández de Kirchner?
El triunfo de Cristina tiene diversas lecturas, o diversas razones. Para nosotros el elemento dominante es la situación económica. Le han tocado tiempos de muy buena performance económica que, en algunos casos, incluso, ha sido aumentada ficticiamente a los efectos de llegar al proceso electoral en una situación inmejorable. Y eso evidentemente ha tenido una importancia muy fuerte en los resultados. No hay que olvidar que cuando la economía estuvo en crisis en el 2009, Néstor Kirchner perdió las elecciones y, cuando estaba floreciente, igual que ahora, en el 2007, Cristina ganó en primera vuelta. El factor económico, además de consenso, promueve, en alguna medida, una actitud conservadora de una parte de la sociedad que siente que está aceptablemente bien o que puede estarlo, y, por lo tanto, dice "para qué vamos a cambiar de gobierno, aunque seamos críticos, si éste nos ha garantizado esto, o nos puede garantizar aquello". De todos modos también han sido importantes otros aspectos.
El triunfo de Cristina tiene diversas lecturas, o diversas razones. Para nosotros el elemento dominante es la situación económica. Le han tocado tiempos de muy buena performance económica que, en algunos casos, incluso, ha sido aumentada ficticiamente a los efectos de llegar al proceso electoral en una situación inmejorable. Y eso evidentemente ha tenido una importancia muy fuerte en los resultados. No hay que olvidar que cuando la economía estuvo en crisis en el 2009, Néstor Kirchner perdió las elecciones y, cuando estaba floreciente, igual que ahora, en el 2007, Cristina ganó en primera vuelta. El factor económico, además de consenso, promueve, en alguna medida, una actitud conservadora de una parte de la sociedad que siente que está aceptablemente bien o que puede estarlo, y, por lo tanto, dice "para qué vamos a cambiar de gobierno, aunque seamos críticos, si éste nos ha garantizado esto, o nos puede garantizar aquello". De todos modos también han sido importantes otros aspectos.
¿Por ejemplo?
Ha habido una inteligente utilización política de la muerte de Kirchner para renovar expectativa en este gobierno, particularmente en la juventud. Han puesto a La Cámpora como una expresión juvenil genuina -que no lo es, pero la presentan así- y plantearon que este gobierno promueve la participación de los jóvenes. Más allá que esto no sea esencialmente cierto, ha sido escuchado por esa franja de la sociedad, que le ha dado el voto a Cristina Fernández de Kirchner por ello. Y también hay que decir que hay otro segmento social, un porcentaje bastante aceptable, que tiene expectativa en un segundo gobierno de aquella. En definitiva, hay una cantidad de razones que han confluido.
A lo que cabe agregar que evidentemente las opciones políticas al gobierno de Cristina Kirchner, por distintas razones, no eran fuertes. Algunas porque están agotadas, como las que presentó el peronismo federal con Duhalde ó Rodríguez Saá, la del radicalismo con Alfonsín y la de la Coalición Cívica. Todas tenían un techo, en algunos casos porque habían gobernado ellos o sus partidos, y, en otros, por el posicionamiento político -como Carrió- que tuvieron durante todos estos años. Gran parte de la sociedad los vio como algo del pasado.
En el caso del FAP, fue porque éramos una opción nueva. Hermes Binner y su gestión no eran conocidos nacionalmente, de allí que la ciudadanía en su mayoría no alcanzó a ver aun en nuestro frente un recambio lo suficientemente fuerte respecto del gobierno actual.
¿Esperaban ese triunfo?
Pensábamos, en las internas abiertas, que la elección del gobierno podía no ser tan contundente. Que iba a ser importante, sí, había indicios sobrados. Lo veíamos en las encuestas serias y también en la sociedad. Cuando uno salía a hacer campaña receptaba el nivel de adhesión de gente que iba a votar al gobierno, que era mucho más importante que la que percibimos en el proceso electoral del 2009. Al ser muy contundente el triunfo de Cristina en las internas abiertas, ya entonces en las generales teníamos una visión de que ese número se incrementaría un poco porque, siempre, hay un voto que puede estar en duda en una primera instancia, pero en la segunda cuando observa ese nivel de adhesión en la primera, habitualmente se vuelca a ganador.
¿Qué piensas sobre la performance del FAP?
Creo que fue muy buena, teniendo en cuenta lo que decía anteriormente: lo escaso del tiempo para hacer conocer a Binner, su gestión en Rosario y la provincia de Santa Fe, y el proyecto del FAP. Hay que tener en cuenta que para las internas abiertas Hermes tenía un conocimiento nacional cercano al 45 ciento. En la medida que nos alejábamos de Santa Fe, los niveles de conocimiento descendían mucho y, en la propia provincia de Buenos Aires, cuando se trataba del segundo o tercer cordón del conurbano, o en el interior profundo de la provincia, encontrábamos también niveles de desconocimiento importantes. Además, hicimos una campaña para esas internas que apenas duró cinco semanas.
Teniendo en cuenta todo eso, en realidad logramos una muy buena elección en ellas, ya que aquellos dirigentes como Duhalde, Alfonsín o Carrió que estaban sumamente instalados en la sociedad, haciendo campaña desde hacía un año, terminaron, en el caso de los dos primeros, apenas arriba nuestro. Nos sacaron dos puntos, o menos, de distancia. Hicimos de ello una lectura adecuada cuando dijimos: "Este es el techo de Alfonsín y de Duhalde y es el piso de Binner".
Con esa visión política fuimos a desplegar la campaña en las elecciones generales. Y objetivamente no nos equivocamos, porque quedamos segundos y como principal fuerza de oposición, a una respetable distancia de los que nos seguían. Le sacamos unos 6 puntos a Alfonsín (es decir que, en la práctica, le descontamos ocho puntos) y muchos más a Duhalde, que se derrumbó. Además, la campaña que desplegamos para las generales corría con la ventaja que fuimos noticia en las internas abiertas, y eso permitió de entrada un conocimiento mucho mayor de Binner, que luego extendimos. Trabajamos también con una caracterización de dónde estaban los lugares en que nos podíamos hacer fuertes electoralmente: la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Mendoza. Es decir, tuvimos una lectura -correcta- de dónde teníamos los votos en disputa con el resto de la oposición y dónde podíamos sumar una cantidad significativa que nos ubicaran claramente como la cabeza de la oposición.
¿Es decir que estaba dentro de sus expectativas este segundo lugar?
Estaba dentro de nuestros planes, no sólo dentro de nuestras expectativas. Sabíamos desde el principio que si hacíamos una buena elección en la interna abierta, que era la más difícil por el nivel de desconocimiento de Binner, el nivel de instalación de los demás y lo corto de la campaña, teníamos abiertas todas las posibilidades de transformarnos en la cabeza de la oposición.
Apenas terminadas las elecciones, el gobierno nacional comenzó a tomar medidas que revelan problemas en la economía. ¿Por qué lo hicieron?
Apenas terminadas las elecciones, el gobierno nacional comenzó a tomar medidas que revelan problemas en la economía. ¿Por qué lo hicieron?
El gobierno vino forzando la economía por lo menos desde hace dos años a esta parte. Quedó sumamente debilitado políticamente después del conflicto con el campo. Tras cartón, sobrevino la crisis económica. La crisis mundial que se desató en el año 2008, impactó de lleno en Argentina en el 2009. La economía del país venía creciendo al 9 por ciento por año y en el 2009 -según en Indec- el aumento del PBI fue solo el 0,5 por ciento (en realidad, según todos los indicios, decreció 2 puntos). Ese fue el año en que les tocó ir a elecciones. Incluso Néstor Kirchner adelantó los comicios a junio para no tenerlos en el momento de mayor profundidad de la crisis; aun así, los perdió. A partir de ese momento el Gobierno desarrolló un plan para su recuperación política, donde la columna vertebral era la economía. Trabajaron con una visión de que si esta remontaba fuerte, tenían posibilidades de volver a subir la cuesta. Contaron en ese sentido con el beneficio de una situación productiva internacional que, ya para finales del año 2009, comenzó a recuperarse, porque los gobiernos de los países desarrollados introdujeron una enorme masa de dinero tendiente a contener la crisis y a salir de ella más o menos rápido. Eso impactó sobre la Argentina: 2010 fue un año donde se volvió a crecer al 9 por ciento y el 2011, hasta octubre, también.
Ahora bien, ¿estaba el país en condiciones genuinas de crecer a esos niveles? No. Porque la economía no tenía esas posibilidades si lo que se buscaba era una actividad productiva con capacidad de sostenerse razonablemente en el tiempo. Mucho mejor hubiera sido un crecimiento un tanto menor, pero con una mejor distribución de la riqueza. No fue así, lo que hicieron fue cebar la bomba de la economía -con la misma matriz distributiva- más allá de sus posibilidades. A partir de eso consumieron el superávit fiscal, y recurrieron para disimularlo a todas las cajas del Estado: el Banco Central, el Anses, el Banco Nación, etc, que tienen otras funciones y no hacerse cargo del gasto público. Cristina vetó el 82 por ciento móvil porque le significaba que no iba a tener un margen de 15.000 ó 20.000 millones de pesos anuales del ANSES para utilizar en otros menesteres de la economía. Hicieron algún intento de obtener crédito externo y fracasaron porque las tasas de interés que les ponían eran muy altas, o porque les exigían aceptar los controles del FMI; entonces recurrieron a todos los recursos que tenían a mano. Incluso, a algunos que no son genuinos para meterlos en la economía, como las ganancias del Banco Central. Entonces, cuando se introduce dinero que no tiene contraprestación en oferta de productos, hay una presión inflacionaria. Y, efectivamente, lo que tuvimos en el 2010 y 2011 fue una inflación de entre el 20 y el 25 por ciento más allá de las cifras del INDEC. Esa inflación, a su vez, produjo un debilitamiento del dólar, porque mientras este se administraba con una devaluación del 5 ó 6 por ciento anual, el aumento de los precios era cuatro veces mayor.
Paralelamente la revaluación del peso y el crecimiento tan alto de la economía, trajeron como consecuencia el achicamiento del superávit comercial externo, que bajó de 16.000 millones de dólares en el año 2009, a 12.000 en el 2010 y alrededor de 9.000 millones este año. Con lo cual, bordeamos la crisis en la balanza de pagos. Porque la Argentina ha venido pagando anualmente cifras que van de entre 3.000 y 4.000 millones de dólares de deuda externa, y ha ido incrementando la remisión de las ganancias de las empresas extranjeras, porque ganan más y al mismo tiempo mandan cada vez más plata a sus casas matrices; con lo cual, en el último año, casi orillaron 5.000 millones de dólares de envíos. Además, nuestro país paga servicios: de fletes, de seguros que contrata en el exterior, etc. Por lo tanto, necesita proveerse actualmente de una cifra de alrededor de 9.000 ó 10.000 millones de dólares por año de la balanza comercial para no entrar en un déficit en la balanza de pagos, salvo que vuelva a contraer deuda. Este atraso del dólar fue paulatinamente llevando a esa situación. Esos fueron los costos que se pagaron para mantener una economía con semejante nivel de crecimiento, para que ello le regenerara consenso político al gobierno. Toda la campaña de Cristina, de una u otra manera, giró alrededor de los beneficios que trajo la economía de este modelo. Pero -en realidad- ha sido en parte un crecimiento ficticio, o no sostenible.
Es por ello que apenas pasan las elecciones se ven obligados a tomar medidas de corrección, antes de que las cosas se agraven y descontrolen, como tenemos vasta experiencia los argentinos. A lo cual se le agrega que empezó una nueva crisis internacional. Comenzó en los países centrales y ya está en la Argentina, lo que obliga también a tomar algunas de estas medidas. Medidas que van a afectar el bolsillo de las mayorías, indefectiblemente.
¿De dónde proviene esta crisis internacional?
La nueva crisis se precipita porque, terminado el proceso de recuperación de la anterior, los estados de los países desarrollados quedaron con enormes deudas. Estados Unidos, por ejemplo, quedó con una igual a su producto bruto interno (PBI). El problema es que el PBI de los EEUU es de 13 billones de dólares, y esa es la deuda que ahora tienen y en la que incurrieron para poder salvar a los bancos e intentar restablecer la economía. Lo mismo pasa en Europa. Ahora bien, EEUU y Europa juntos, son el 40-45 por ciento del producto bruto mundial, y todo indica que la decisión que tomaron es salir de la crisis con ajuste. Lo cual significa que no se saldrá rápido. Le van a hacer pagar a los sectores populares las consecuencias de la crisis que provocaron los bancos. Eso tiene una manifestación recesiva inmediata y concreta que ya está en marcha. Hace días, la canciller de Alemania, Angela Merkel, dijo que muy probablemente Europa necesite 10 años para salir de la crisis con esta estrategia. Y los EE.UU calcularon a la baja el crecimiento y la recuperación del empleo para el 2011-2012.
El impacto de todo ello ya llegó a la Argentina. La economía brasileña se empezó a frenar y el vecino país empezó a devaluar; ambas cuestiones nos impactan, en particular en la industria automotriz que está sustentada, en un porcentaje muy grande, en ventas a Brasil. Por lo tanto, ya hay amagues de las principales automotrices en Argentina de anticipar vacaciones, suspender trabajadores, entre otras medidas. La misma manifestación inicial que tuvo la crisis de 2009. El tema es que en aquélla crisis el gobierno tenía superávit fiscal. Por eso, cuando la General Motors de Rosario dijo "vamos a despedir miles de trabajadores", y eso amagaba en transformarse en un conflicto muy importante, el gobierno dijo "no los despidan, nosotros les pagamos la mitad del sueldo". El problema es que ahora, en pleno ingreso a la crisis, están con déficit fiscal y viendo de cortar subsidios, porque si no lo hacen, difícilmente el problema inflacionario se detenga; y si este continúa la moneda se sigue revaluando; y si la moneda se sigue revaluando aumenta la demanda del dólar y se dificulta el comercio exterior. Se completa así un círculo vicioso.
¿Crees que tomarán más medidas, todavía? ¿A qué apuntarán si fuera así?
Han recortado subsidios a las petroleras, a algunas empresas telefónicas y los negocios del juego: a bingos, casinos, etc. La verdad, es realmente retrógrado y arbitrario -por eso lo tenían oculto- que en una situación en la que, por ejemplo, una parte importante de los argentinos que viven en el Gran Buenos Aires no tienen cloacas, haya subsidios a las casas de juego. Vaya a saberse por qué será eso... Será, quizá, porque Cristóbal López maneja la mitad del juego en la Argentina. De todos modos, en buena hora que han recortado una porción -que es menos del 1 por ciento del total- de los subsidios a esos sectores. Habrá que ver como sigue la historia y mirar con lupa las nuevas medidas que inevitablemente van a tener que tomar. En lo fundamental porque el kirchnerismo maneja hábilmente el doble discurso, y habitual suele ser que pongan el guiño a la izquierda para doblar luego a la derecha. Que lo tengan a Dromi de asesor e incluso de vocero paraoficial habla por si solo.
¿Tendrá continuidad el Frente Amplio Progresista?
Sin lugar a dudas. No construimos, a pesar del poco tiempo que tuvimos, un acuerdo meramente electoral. Constituimos una alianza que se propone ser, en primer lugar, la principal fuerza de oposición a este Gobierno, para luego, en segundo término, ser gobierno en el 2015. Si uno observa el recorrido de cada una de las fuerzas que componemos el FAP, entre ellas Libres del Sur, verá que hace mucho tiempo que venimos buscando una estrategia de agrupamiento de los sectores progresistas que nos permita ir seriamente en busca de la disputa del gobierno nacional. Esto, la unidad, no se lograba, entre otras cosas, porque los partidos tradicionales en la Argentina suelen tener mucha capacidad para evitarlo. En esta oportunidad no lo lograron, y conseguimos un agrupamiento muy significativo, que tiene perspectivas -si logra la capacidad para desplegar una estrategia en esa dirección- de disputar el poder político en Argentina. Para eso lo hemos constituido. Por lo tanto, que a nadie le quepa ninguna duda que este acuerdo político, que es el FAP, va a tener continuidad.
-Siendo así, ¿cuáles son las iniciativas que piensan seguir?
Bueno, después de festejar bastante, estamos viendo cuáles van a ser las iniciativas que vamos a tener en un año no electoral como el 2012. Ahí hay una combinación de aspectos, porque este frente debe tener, al menos, tres tipos de iniciativas. Una que puede ser programada con tiempo; es decir, hacer un plan y desplegarlo. En ese terreno acabamos de aprobar un seminario, no muy grande, para la dirigencia nacional del FAP, a los efectos de comenzar a afinar el lápiz sobre lo que queremos construir y cómo hacerlo, homogeneizando internamente el pensamiento de la conducción del frente. La idea es luego hacerlo en el interior del país, por regiones, durante todo el 2012, con presencia de algunos de los dirigentes nacionales en cada reunión.
El segundo aspecto tiene que ver con las respuestas y las propuestas concretas a la coyuntura política. En la medida que el gobierno vaya avanzando en determinadas cuestiones, el FAP va a tener respuestas y propuestas políticas; eso no se puede, en general, elaborar de antemano, dependerá de cómo evolucione la situación en general, la política del Gobierno y la postura de otras fuerzas opositoras en particular. Por lo pronto, frente al inicio de la crisis en nuestro país, hemos planteado que el Gobierno debiera convocar a un diálogo institucional a las fuerzas del trabajo, de la producción, a los partidos políticos, a los gobernadores, a otras organizaciones sociales para consensuar las medidas que se van tomando, hacerlas menos conflictivas y contemplar, aún en crisis, los intereses del país y de su gente. Por supuesto, el Gobierno no es muy proclive al diálogo y no ha dado ninguna señal en ese sentido, seguramente agrandado con el 54 por ciento. Pensará que puede gobernar solo en circunstancias como estas. Seguramente ya tendrá algún choque con la realidad, porque las crisis son complejas en la Argentina.
El tercer aspecto importante en la iniciativa política debe provenir de los bloques de diputados y senadores nacionales del FAP, ya que siempre una parte de la vida política -y de las acciones- tienen lugar en el parlamento.
¿Cuántos legisladores conforman hasta hoy el interbloque del FAP?
Hasta el momento, contamos con veintidós diputados y cuatro senadores. El interbloque de 22 diputados es la tercera fuerza. La primera es el FPV, la segunda el radicalismo -porque todavía conserva los diputados del año 2009- y después venimos nosotros. Somos una fuerza destacada dentro del Parlamento y, aun cuando el FPV pueda tener mayoría propia en ambas cámaras, va a ser muy importante el posicionamiento que vayamos elaborando nosotros.
¿Ya han pensando en ampliar el Frente?
Sin ninguna duda. Una alianza política que aspire a gobernar este país tiene que ampliarse. Los actuales componentes del FAP probablemente no sean suficientes para una coalición política de ese tipo. Incluso creo que hay que pensar en la posibilidad de que, con el tiempo, confluyan a esta alianza otros sectores progresistas que hoy no están y, también por cierto, sectores del radicalismo y el peronismo que en alguna medida tengan más acuerdos con nosotros que con las propuestas de sus propios partidos. Estimo que ese proceso hay que hacerlo despacio. Hay que consolidar lo que hoy es el FAP, integrar más a sus cuadros y homogeneizarlo políticamente; eso lleva su tiempo. Entonces tenemos que tomarnos el año 2012 para consolidarnos, discutir algún tipo de funcionamiento -propio de cualquier organización- y creo que después, debemos analizar ampliarlo. Si queremos ser una opción de gobierno, necesitamos una confluencia de fuerzas políticas bastante más alta de la que tenemos en la actualidad.
Se abre una nueva etapa política. ¿Cuáles son las principales responsabilidades del Movimiento Libres del Sur en esta nueva etapa?
La responsabilidad principal que tenemos es contribuir al fortalecimiento del Frente Amplio Progresista. Tener una mirada inteligente y madura, estratégica, de lo que es éste instrumento y contribuir a cuidarlo, mejorarlo, a hacerlo más fuerte. Nosotros hemos trabajado desde muchos años atrás para que haya cambios profundos en el país, que nos pongan de manera irreversible en dirección a una nación más igualitaria, más sustentable, más democrática, que tenga futuro. Para eso hacen falta cambios profundos. Pero para que haya cambios profundos es necesaria la herramienta política que los promueva. Nosotros nos fuimos del kirchnerismo porque justamente el instrumento político por el cual optó en su momento Néstor Kirchner y luego continuó Cristina, fue el Partido Justicialista. Es decir, el mismo que contribuyó desde el año 83' en adelante a destruir este país. Si uno hace un repaso por los nombres de una parte sustancial de los funcionarios del gobierno, y particularmente de los gobernadores y los intendentes del Gran Buenos Aires, encuentra las mismas caritas, los mismos nombres, en una abrumadora mayoría, que estuvieron primero con Menem, luego con Duhalde. Evidentemente ese instrumento no iba a servir demasiado para hacer cambios profundos.
Por supuesto: Kirchner optó por eso porque no se animó o no quiso avanzar a cambios profundos, más allá de medidas parciales, de la retórica y los dibujos del gobierno. Por lo tanto, construir esta herramienta política es determinante para que podamos arribar a un país mejor. Este acuerdo que hemos hecho -el FAP- y que hay que ampliar, lo concebimos como un acuerdo idóneo para poder ir en esa dirección.
La segunda responsabilidad que tenemos es fortalecer nuestro Movimiento: extender y consolidar nuestro trabajo en los frentes sociales, darnos estrategias de crecimiento político, incrementar la formación de nuestra militancia y dirigentes. Porque el Frente Amplio Progresista es una alianza política, y es bueno que así sea y no un partido único, ya que éste es un país muy diverso. No sólo en cuanto a historia política y a sectores sociales, sino también en lo referido a representaciones e ideas: es entonces muy difícil no pensar que el instrumento adecuado no sea un frente. Pero en ese frente -así lo vemos nosotros- no todos ocupamos el mismo lugar, ni tenemos la misma historia, ni las mismas ideas. Acá tiene que haber una convergencia de culturas políticas que debe mantenerse. Nosotros somos una expresión de la izquierda nacional y popular -no de la izquierda tradicional- de este país, que durante muchos años enfrentó en la primera línea al neoliberalismo que se puso en marcha con la dictadura militar. Tenemos esa historia y esas definiciones políticas, y las llevamos al frente, respetuosos de la historia y las ideas de los demás, y con toda la voluntad de apoyarnos en las cosas que acordamos y en ir achicando en una práctica común las diferencias.
Pero convencidos también de que fortalecer nuestro Movimiento, es fortalecer el FAP. Tenemos por ello que representar una porción importante de nuestra sociedad y organizar lo más activo de ella en Libres del Sur. Hemos recorrido un camino importante: logramos desarrollar una fuerza extendida nacionalmente, con representación parlamentaria nacional, en provincias y municipios. Hemos construido también una estructura de cuadros homogénea y sobre todo joven, la mayoría con menos de cuarenta años. Somos por tanto una fuerza con mucho futuro. También con responsabilidades. Estoy convencido de que vamos a estar a la altura de las circunstancias históricas.
MARTES 15 DE NOVIEMBRE DEL 2011
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Movimiento Libres del Sur Regional San Luis.
en el Frente Amplio Profresista

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